Amar La Vida


Un profesor fue invitado a dar una conferencia en una base militar, y en el aeropuerto lo recibió un soldado llamado Ralph.

Mientras se encaminaban a recoger el equipaje, Ralph se separó del visitante en tres ocasiones: primero para ayudar a una anciana con su maleta; luego para cargar a dos pequeños a fin de que pudieran ver a Santa Claus, y después para orientar a una persona. Cada vez regresaba con una sonrisa en el rostro.

 “¿Dónde aprendió a comportarse así?”, le preguntó el profesor. “En la guerra”, contestó Ralph.

Entonces le contó su experiencia en Vietnam. Allá su misión había sido limpiar campos minados. Durante ese tiempo había visto cómo varios amigos suyos, uno tras otro, encontraban una muerte prematura. “Me acostumbré a vivir un paso a la vez”, explicó. “Nunca sabía si el siguiente iba a ser el último; por eso tenía que sacar el mayor provecho posible del momento que transcurría entre alzar un pie y volver a apoyarlo en el suelo. Me parecía que cada paso era toda una vida”.

*******

¿Quién puede decir, con certeza, hoy será mi último día de vida? Si lo supiéramos, ¡Cuantas cosas hubiéramos hecho antes de nuestra partida! ¡A cuantas personas les hubiéramos demostrado el amor, en vez del odio o desprecio!

Hoy día la gente vive como si nunca fueran a morir. Tratan a los demás como si nunca los fueran a perder. Se sienten como el último vaso de agua en un desierto, y no se dan cuenta que nuestros días están contados. Viven como el que quiere disfrutarse toda una vida de fiestas, bailes, bebidas, y todo lo que puedan disfrutar de este mundo, y no se dan cuenta que han descuidado su vida espiritual, y no podrán llegar al lugar santo.

Hay cosas que yo no entiendo, y talvez usted me pueda explicar: ¿Cómo es posible que una persona pueda tratar a otra como si fuera un animal, le habla como si esa persona no valiera nada, la humilla, le pone poca importancia, pero luego, cuando la persona que fue despreciada fallece, aparece el humillante a llorar con lágrimas de hipocresía diciendo cuando la adoraba, y peor aún, pidiéndole perdón frente a su ataúd? Como si los muertos escucharan.

La gente se deja llevar tanto por los pensamientos ignorantes que llegan a su cabeza, y comienzan a tomar decisiones, sea bajo coraje o bajo cualquier circunstancia, para luego arrepentirse de su decisión. Ofenden a cualquiera bajo coraje, para que luego esa persona la perdone sin rencor ninguno.

Dios nos ha dado días, semanas, meses, y años para vivir. No para que vivamos como perros y gatos, aunque yo he visto muchos perros y gatos que se llevan mucho mejor que la gente, sino para que aprovechemos cada momento de nuestra vida para hacerle bien a los demás, para vivir en amor y en armonía, para que llevemos el mensaje de salvación a los que no lo tienen, para que miremos alrededor y veamos quien necesita de nosotros.

Nosotros, por más que queramos, nunca podremos saber cuándo será el último día de nuestro cónyuge, o hijos, o padres, o hermanos, o abuelos, o tíos, o cualquier amigo cercano. Ni siquiera sabemos cuándo será nuestro último día de vida en esta tierra. ¿Por qué no aprovecharlo, primeramente, para buscar de Dios, llenarnos de su espíritu y de su presencia, y llevarle ese gozo a los demás, predicarle la palabra al perdido, al que no ha escuchado el mensaje de salvación?

¿Por qué no aprovechamos nuestros días para tener la paz con los nuestros, para reunirnos con ellos, visitarlos, saludarlos, aunque sea por Facebook, pero que los nuestros sepan que tienen a alguien que piensa en ellos y con quién contar?

Eso es lo que Dios quiere. No tomemos decisiones a la ligera, mucho menos por algún coraje. Porque mañana puede ser tarde para el arrepentimiento, ¿Y qué vas a hacer luego, ponerte a llorar y a pedir perdón como si el muerto te escuchara? No. Lo que tienes que hacer hazlo hoy, porque mañana puede ser tarde.

Hebreos 12:14  Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

El Paralítico de Betesda

La Caja Llena de Besos

Confianza - En las Manos de Dios